Roberto G. M.
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(Del blog dicestudemili.es) Imagina que eres amigo o mantienes una cierta relación con alguien y te invita (o logras que te invite) a comer uno de los días más importantes de su familia (un cumpleaños, el día de la patrona, etc.) a sabiendas de que en su casa se bendice la mesa antes de comer. Bien, llegado ese momento, en el que el anfitrión o anfitriones dan gracias por los alimentos que van a recibir, tú te pones a cantar Paquito el Chocolatero o, lo que es peor, empiezas a abuchear su agradecimiento o te pones a silbar... Pues eso es exactamente lo que hicieron la mayoría de los aficionados del Athletic Club de Bilbao y del Fútbol Club Barcelona, dos clubes a los que se les presupone un gran señorío, dos aficiones a las que también se les presupone una gran educación, pero que dieron un espectáculo lamentable al silbar el himno español al inicio del partido de la final de la Copa de S. M. El Rey. Que no se trata de ser más o menos patriota o más o menos monárquico, no. Se trata de ser educado y respetuoso. Al fin y al cabo, ya sabían que el himno nacional iba a sonar. Si no te sientes dentro de un colectivo humano por aquello de las diferencias culturales, políticas, sociales, geográficas o económicas... no vengas, no participes en un torneo del que te avergüenzas, no luches con otros equipos por hacerte con un galardón si luego te va a dar yuyu nombrarlo. Compite con otros equipos por otros títulos de los que te sientas orgulloso, con los que te sientas identificado, pero no vengas a molestar ni a insultar.
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