Roberto G. M.
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Vaya, vaya, vaya... Se levanta uno un viernes intentando rematar la jornada laboral y le atragantan el desayuno con la noticia: El Ministerio de Economía (que lo debe estar viendo bastante crudo), y a pesar del no convencimiento del Ministerio de Trabajo (que tampoco lo ve nada bien pero representa el papel), propondrá alargar la edad de jubilación de los 65 años actuales a 67. Y no sólo eso, sino que quizá también se proponga elevar el mínimo de años cotizados de los 15 que están en vigor ahora a 20. Ahora nos tiraremos de los pelos, echaremos sapos y culebras por la boca, nos preguntaremos si ahora (por fin) los sindicatos se echarán a la calle o seguirán sentados como desde hace tiempo (con la que nos está cayendo...), nos lamentaremos, en definitiva. Pero esto tenía que llegar, antes o después, por diferentes motivos (ojo, a mi parecer): 1º.- Con el actual sistema de pensiones se cometen errores de bulto, fallos de base, que caen por su propio peso. Si tenemos en cuenta que los trabajadores de hoy cotizamos para que cobren sus pensiones los trabajadores de ayer, es evidente que para que los trabajadores de hoy cobremos nuestras pensiones, tendrán que cotizar los trabajadores del mañana (no hace falta ser catedrático para esto), pero... oh sorpresa, que haya suficientes trabajadores el día de mañana para pagar nuestras pensiones no deja de ser una incógnita, y más “al paso que va la burra”, como se suele decir. Lo ideal sería que el sistema de pensiones funcionase de manera similar a los planes de pensiones privados, en el que el partícipe tiene garantizada una prestación, a la vez que se ve obligado a realizar unas aportaciones. Pero en el sistema actual lo único que se garantiza es... tener que hacer aportaciones, no se garantiza la prestación futura. 2º.- Resulta del todo incongruente (y esto es una opinión personal, tan aceptable como criticable) que se tengan que soportar pensiones escandalosas cuando el jubilado es jubilado haya trabajado donde haya trabajado. Me explico: Si una barra de pan le cuesta lo mismo a un obrero agrícola jubilado que a un director de banco jubilado, ¿por qué sus pensiones no son iguales? Ya sé lo que me váis a decir: Porque uno cotizó más que el otro. Lo que digo es que veo lógico que se mantenga un determinado “nivel de vida” mientras se está en período productivo, es lógico (tanto ganas o tal trabajo tienes, así vives), pero eso carece de sentido cuando ese “nivel de vida” te lo tienen que mantener otros y, sobre todo, cuando ya no se está produciendo. Eso se podría considerar “vivir de las rentas... de los demás” y yo considero que, a la hora de descansar, como a la hora de morir, todos deberíamos ser iguales, y nos ahoraríamos una cantidad importante. Por mi parte, “para todos café”. ¿Cuánto? ¿800? ¿1000? ¿1500? Pues para todos lo mismo, que no tiene sentido que unos jubilados estén todo el año de acá para allá y otros se las vean “putas” para pagar la calefacción en invierno. 3º.- En los años de bonanza no se ha guardado lo suficiente, y puede que cuando han venido mal dadas se haya gastado más de lo recomendable (tampoco hace falta ser un lumbrearas para entender lo que pasa en esa balanza). 4º.- Las políticas sociales no han salido todo lo bien que se planearon. Los contratos temporales, por un lado, no generan ingresos continuados a la seguridad social y, por otro, generan un gasto cuando esos trabajadores se van a la calle. Y los subsidios de desempleo suponen un gasto considerable, y todo ello por no desarrollar un modelo productivo capaz de generar empleo. Inciso: En los puntos 3 y 4 me da igual el color político. Todos han cometido errores. 5º (y último).- Los politicuchos, politicastros y politicuelos que hemos tenido durante los últimos 30 años (es lo máximo que puedo recordar) NO HAN HECHO NADA para prever este tipo de situaciones y, si las han previsto, NO HAN HECHO NADA para salvar las situaciones. Si querían credibilidad, podían haber empezado por congelar o reducir sus sueldos (que bastante cobran y cobraban ya para lo mal que lo hacen y lo han hecho), y por no dar la condición de “vitalicios” a sus sueldos y prestaciones. Y por no hacer tantas y tantas cosas que al final se han ido destapando y que han dejado claro que, tanto en un lado como en otro (me da lo mismo unos que otros, los de antes y los de ahora): SON TODOS UNOS SINVERGÜENZAS. Lo que más me fastidia es que, en lugar de “subir” un poco las cotizaciones, nos quieran jubilar más viejos. Y me fastidia precisamente porque, cuando uno piensa que vamos “hacia delante”, prosperando cada día, de repente un batacazo de estos te devuelve a la realidad y te hace cuestionar si realmente vivimos en un país desarrollado y qué carajo es eso del “estado de bienestar”... Perdonad la chapa, pero es que hay mañanas que sale uno de casa ya atravesado. En un principio pensé proponerle a Paco poenrlo en la pregunta de la semana, pero como es un asunto que traeré cola y de lque se hablará largo y tendido, he preferido ponerlo aquí. Ahora, después de la parrafada, os toca (no me dejéis solo).
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