CARLOS CANO

Cuando la copla se hace
poesía; la poesía voz; la voz sentimiento
y el sentimiento copla, a Carlos Cano tienes dentro.
Nacido en 1946 en Granada y fallecido en esta misma ciudad en diciembre de
2000, después de haber vuelto a nacer en Nueva York provincia de Granada como él
decía.
Comenzó a cantar en la universidad, con voz
trémula y memoria familiar republicana en 1969. No en vano, su abuelo había sido
fusilado justo al término de nuestra Guerra Civil.
Carlos Cano no decide dedicarse a la canción hasta tres años después, animado
por gente como Lluis Llach y Enrique Morente. Había firmado ya para entonces el
"Manifiesto canción del Sur", junto al cantante Antonio Mata y Juan de Loxa,
entre otros artífices del grupo Poesía 70. También había dado ya su primer
recital a solas en la Casa de las Américas. Pero más importante aún fue que
tuviera puesta música a las casidas "De la muchacha dorada" y "De las palomas
oscuras", de Lorca. De ahí que la UNESCO reclamase su presencia en el tributo al
poeta que organizó en París, en 1972. Por aquel acto, Arias Navarro, desde la
Alcaldía de Madrid, le declaró persona non grata.
A los 26 se estrenó como compositor de canciones, con la titulada "Miseria",
influenciado por juglares americanos como Bob Dylan y compiladores poéticos de
la resistencia antifranquista como Paco Ibáñez.
En 1976 graba su primer disco: A duras penas, en clara sintonía con el
andalucismo militante de la época. De ahí que, un año después, La murga de
los currelantes, incluida en el disco "A La Luz De Los Cantares", terminara
ofreciendo la lectura social más incisiva de nuestra transición política vista
desde el Sur.
A partir de ese momento, Carlos Cano entraría con nombre propio en la escena de
nuestra canción concienciada, a caballo de un sonido con raíces. Y la prueba de
ello estuvo en la lírica arábigo andaluza de sus "Crónicas Granadinas" (1978).
"De La Luna Y El Sol" y "El Gallo Morón" fueron los siguientes trabajos hasta el
año 1981, que ampliaba el punto de vista del folclore andaluz, derivando hacia
el sinfonismo.
La gran reflexión artística de Carlos Cano llegó en 1983, con el disco "Si
Estuvieran Abiertas Todas Las Puertas", en el que comenzó a reivindicar el valor
de la vida cotidiana, con humanidad a prueba de ideologías, frente a las
banderas grandilocuentes. Un trabajo al que siguió su "Cuaderno De Coplas"
(1985) donde se incluían sus famosas "Habaneras de Cádiz" que tendían puentes
armónicos entre las dos orillas atlánticas de habla española.
Sendos homenajes a Luis Cernuda y a Miguel de Molina presidirían,
respectivamente, entre 1986 y 1988, los lanzamientos de "A Través Del Olvido" y
"Luna De Abril". Entre ellos se inserta la primera grabación de "María la
portuguesa" (dedicada a la cantante de fados Amalia Rodrígues), uno de los
clásicos de Carlos Cano más versionados. Y es que, al referirnos a él, estamos
teniendo en cuenta a uno de nuestros cantautores más prolíficos, apasionados y
voluntariosos, capaz incluso de editar el álbum titulado "El Color De La Vida"
(1996) al año de haber sido intervenido del corazón en Nueva York. De hecho, el
cantautor nos había regalado un buen puñado de grabaciones más: "Ritmo De Vida"
(1989), "Carlos Cano: En Directo" (1990), "Mestizo" (1992), "Forma De Ser"
(1994) y "Algo Especial" (1995), en las que puso de manifiesto su toma de
posiciones a favor del calor armónico y humano del hemisferio sur, así como su
fuerza expresiva como artista de directo.
La versión austera de "La bien pagá" que dejó inmortalizada precedió a su paso
por el quirófano del Hospital Monte Sinai en 1995.
Después, aún quedaban por venir su última revisión personal de otros títulos
eternos de la copla (Antonio Vargas Heredia, No te llames Dolores, Ojos verdes)
y su nueva aportación a los tributos lorquianos. Una superproducción en la que
derrochó esencias acústicas sobre los versos del Diván del Tamarit y para la que
contó con la Orquesta Filarmónica de Londres, el Orfeón Donostiarra, Paco
Ibáñez, Santiago Auserón e incluso la voz del diestro Curro Romero.
Hasta ese momento, hasta la edición de "Diván de Tamarit" y de los dos álbumes
que continuaron su trayectoria, "La copla, Memoria Sentimental" (1999) y "De Lo
Perdido Y Otras Coplas" (2000), los electrocardiogramas que se le practicaban a
Carlos Cano, ya periódicamente, no reflejaban nada alarmante.
Nadie podrá poner, sobre su cuerpo o su memoria, más bandera ideológica que la
de la libertad. Era un hombre de izquierdas, pero sin militancia política que le
impidiera razonar con talante conservador y anarquista a partes iguales.
El 22 de noviembre actuaría por última vez en público, durante una fiesta de la
Sociedad General de Autores en el madrileño Círculo de Bellas Artes.
Esta es su extensa discografía variada y rica
en duetos ( Maria Dolores Pradera, Juanito Valderrama...) en ella abunda desde
la copla a la habanera, pasando por los fado, las chirigotas, los tangos...:
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A duras penas (1975)
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A la luz de los cantares (1976)
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Crónicas granadinas (1978)
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De la luna y el sol (1980)
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El gallo de Morón (1981)
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Si estuvieran abiertas todas las puertas (1983)
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Cuaderno de coplas (1985)
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A través del olvido (1986)
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Quédate con la copla (1987)
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Luna de Abril (1988)
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Ritmo de vida (1989)
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En directo (1990)
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Mestizo (1992)
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Forma de ser (1994)
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Algo especial (1995)
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El color de la vida (1996)
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Grandes canciones (1997)
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Diván del Tamarit (1998)
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La copla, memoria sentimental (1999)
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De lo perdido y otras coplas (2000)
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Una vida de copla (2006)
Es casi imposible
escoger la mejor canción de Carlos Cano,
pero si hay una que personalmente me emociona esa es Maria la
Portuguesa, se trata de un bello fado dedicado a la reina Amalia
Rodrigues, por desgracia nunca llegaron a cantarla juntos. Esta
es su letra:
MARIA LA PORTUGUESA
En las noches de luna y clavel
de Ayamonte hasta Villareal
sin rumbo por el río, entre suspiros
una canción viene y va
Que la canta María
al querer de un andaluz.
María es la alegría, y es la agonía
que tiene el sur.
Que conoció a ese hombre
en una noche de vino verde y calor
y entre palmas y fandangos
la fue enredando, le trastornó el corazón.
Y en las playas de isla
se perdieron los dos
donde rompen las olas, besó su boca
y se entregó.
Ay, María la portuguesa
desde Ayamonte hasta Faro
se oye este fado por las tabernas
donde bebe viño amargo
porque canta con tristeza
porque esos ojos cerrados
por un amor desgraciado,
por eso canta, por eso pena.
¡Fado! fado porque me faltan tus ojos
¡Fado! porque me falta tu boca
¡Fado! porque se fue por el río
¡Fado! porque se va con la sombra
Dicen que fue el te quiero
de un marinero, razón de su padecer
que en una noche en los barcos
de contrabando, p'al langostino se fue.
Y en las sombras del rio,
un disparo sonó.
Y de aquel sufrimiento, nació el lamento
de esta canción.
Es un precioso fado, ambientado en el
siglo XVIII, cuando Cádiz era la capital del atlántico y su puerto
estaba lleno de tabernas y duros marineros, se trata de la historia de
desamor de Maria, que con un marino de estos topó.
Hay otros muchos temas verdaderamente
buenos:
A Paris- un bonito homenaje al Paris
bohemio de principios del S.XX, entonado en "chanson"
La murga los currelantes- un guiño a la
murga carnavelesca Gaditana.
Habaneras de Cadiz- una hermandad entre
Cadiz y La Habana.
A la cena de las monjas- un pasodoble
desde un convento de clausura
Tango de
las madres locas- comprometido tango, con una letra que desgarra,
homenajea a las madres de la plaza de mayo.
También recreaba versiones de coplas de
todos los tiempos magnificas:
La bien pagá
Ojos verdes
Ay pena! ...
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