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Este Pabellón es una Ruina

Lo primero, disculpas por el titular, pero no se me ocurría nada y he tirado de un símil cinematográfico. A parte de esto, el contenido del artículo nada tiene que ver con el cine, es pura y dura realidad.
 

En el pasado número de convivencia dos jóvenes saucanos se servían de estas páginas para denunciar el lamentable estado del Pabellón Municipal. Si tuviéramos que utilizar un calificativo adecuado a la situación en la que se encuentra yo creo que abandono sería bastante benevolente. Alguien me está mirando mal, me temo, pero sobrepongámonos a esta afirmación tan rotunda y vayamos a los datos objetivos.
 

Media docena de espalderas rotas. Algunos palos de las espalderas son auténticas astillas con un evidente peligro que cualquier día van a provocar una desgracia. Varios focos fundidos. Cables y registros de la luz sueltos o colgando de forma más que peligrosa. Canaletas de la luz que iban por las paredes que han saltado hechas añicos. Un techo tipo queso de gruyere con importantes goteras. Un sistema de ventilación cuyas protecciones han desaparecido y por donde el agua se filtra a raudales, y no exagero, la humedad ataca ya más de 40 metros cuadrados de paredes que tienen hasta moho. Puertas de acceso peor que las chabolas tercermundistas completamente destrozadas, sujetas con candados, cadenas o pasadores que un día sí y otro día también saltan hechos pedazos. Una portería de balonmano rota y esperpénticamente atada con una cadena con candado a una espaldera para que no se vaya. Un tablero de una canasta roto, veremos a ver si el equipo de basket puede empezar aquí la liga.
 

Un punto y a parte para tomar aire y continuar la visita.
 

Acompáñenme a los vestuarios ¿vestu qué?. Pero ¿cómo se puede llamar a esto vestuario? Los bancos o rotos o desaparecidos o apoyados de manera precaria sobre un ladrillo o un tronco. Tuberías de la calefacción desprendidas, cristales de las ventanas hechos añicos, grifos y tuberías que hacen aguas por todas las partes, cables de la luz sueltos, zona de duchas como trastero, jambas de las puertas destrozadas.
 

¡Este tío está exagerando!,dirán unos. ¡Este tío se está pasando!, dirán otros, pero todos se equivocan de pleno: ¡este tío está sufriendo! Y como yo más gente. Por cierto, al principio dijimos que esto era el Pabellón Municipal. Pues ya está, ya sabemos de quien es la responsabilidad de la gestión. Pero es que sencillamente no hay gestión. El Ayuntamiento se encarga de pagarle a una persona que abre, cierra y limpia. Por cierto, de la limpieza nada que objetar, ¡increíblemente está limpio!, pero todo este desastre invita a lo contrario.
 

Esta es la parte dura, pero no hay que quedarse en evidenciar, propongamos alguna solución, para que no digan que es muy fácil criticar.
 

Primero, En su día, cuando el pabellón fue entregado al Ayuntamiento se le exigió la creación de una comisión de gestión y el establecimiento de un reglamento sobre su uso. Ni lo uno ni lo otro ha funcionado, sería hora de que empezaran a funcionar.
 

Segundo. El Ayuntamiento asumió el mantenimiento. Pero mantenimiento no es abrir, cerrar y limpiar. Un pabellón de estas características exige un plan de gestión, coordinado y supervisado por la comisión citada. En ese plan se establece el horario de uso y las condiciones de uso, que es algo muy importante y que es la causa principal de todos los males.
 

Tercero. Organización. Organizar el uso de estas instalaciones es muy importante. Hay que determinar las necesidades, para ello cada campaña o cada año se podría establecer un calendario y un horario semanal de uso. En cualquier caso es un error considerar el pabellón municipal como un lugar donde matar el aburrimiento. No. Es una instalación deportiva y allí se va a hacer deporte, y además de forma organizada. Es decir, habría que exigir que todos aquellos que compartan inquietudes deportivas se unan y se organicen a fin de reservar el horario de uso. Alguien dirá, ¡hombre, que somos un pueblo!, y yo respondo que cuando los de pueblo vamos a las ciudades a la piscina climatizada o con el niño al fútbol sala o vete a saber dónde, asumimos sin rechistar todo tipo de normas porque entendemos que la gestión de cualquier recurso exige organización y que ello beneficia a todos los usuarios.
 

Cuarto. Habría que dejar claro cuáles son las actividades deportivas que se pueden practicar y cuales no. Puede parecer duro decirlo, pero en estas instalaciones no se puede practicar el fútbol sala, sencillamente porque no reúnen las condiciones para la práctica de ese deporte. Precisamente buena parte de los desperfectos que hay en la zona deportiva se deben a la practica, además sin ningún tipo de control, de este deporte. ¿Quiere esto decir que a los chavales que les gusta el futbito no pueden practicarlo?. No, quiere decir lo que he dicho. Y se pueden hacer dos cosas. Una, adaptar el pabellón con algún sistema de protección mediante recles para evitar los destrozos que provocan los balonazos. Dos, crear un nuevo espacio polideportivo en el frontón. La mitad ya esta hecho, con una estructura metálica se podría cubrir, un poco de iluminación y ya está. Además este espacio podría estar siempre abierto. Esto lo hay ya en muchos pueblos.
 

Quinto. Inversión. Esto parece una evidencia, pero no lo es. En un bien público hay que invertir, hay que invertir en mantenimiento y hay que vigilar ese mantenimiento creando un sistema de partes de incidencias donde la persona responsable de su mantenimiento comunica las deficiencias que se solventan lo antes posible. Miren, si nos fijamos bien, y repasamos la exhaustiva lista que hice más arriba, la mayoría son pequeñas cosas, pero es que muchos pocos hacen un mucho, que es lo que pasa ahora.
 

Disculpas oficiales ante este artículo:
 

Primera. No tenemos dinero. Eso es mentira, dinero hay para lo que se quiere, por ejemplo, para poner dos relojes en menos de cuatro años en la torre, y que conste que es sólo un ejemplo y no una crítica. Y por otra parte los jóvenes se quejan de que no se invierte nada en ellos, y tienen toda la razón, la gestión municipal siempre se ha hecho de espaldas a los jóvenes, ya va siendo hora de poner ahí el punto de mira.


 

Segunda, esquela gente no cuida las cosas. No es disculpa. eso ya lo sabemos y no hay que echar balones fuera, nunca mejor dicho, pero la obligación un ente público es evitar el mal uso de los bienes municipales y reponerlos en caso de deterioro. Es ahí donde se echa en falta una organización,  reglamento y una persona con autoridad que ataje todo tipo de desmanes. Claro que también habría que cambiar esa mentalidad de que las cosas que son del pueblo son también mías. Nada mas falso, las cosas que son del pueblo son de un ente colectivo y ello exige una responsabilidad mayor que si fueran tuyas porque el disfrute de las mismas no es exclusiva de nadie, sino un derecho de todos. Pero como esto no todo el mundo lo entiende, pues no queda más remedio que hacérselo entender.
 

Tercera es que también lo utilizan los colegios y se pueden producir destrozos durante las clases. Mentira, precisamente las clases de educación física son la única actividad regulada y con vigilancia permanente por parte de una persona, el profesor.
 

Cuarta, lo dicho, que este tío es un exagerado, pero visto el catálogo no creo que se les ocurra, también se pueden dar una vuelta por el recinto y comprobarlo. En cualquier caso, seguro que hay una cuarta.
 

Bueno, y por ir acabando, si después de leer esto alguien se siente molesto, no he conseguido nada. Pero si alguien se plantea que lo que cuento es del todo inaceptable y que hay que atajar esta situación, algo se habrá conseguido, que en definitiva es el objetivo, pero a veces, por crudo que resulte un argumento, no tiene fuerza sin datos objetivos, que le vamos a hacer, simple deformación periodística.

Ángel Rodríguez