LA TRAGEDIA EN LA
FIESTA DE LOS TOROSPuyana el Mayor, picador
1824 muere en La plaza de Granada al caer de su caballo y golpearse la nuca.
Carlos Puerto, picador
Salta a la arena el quinto toro, de nombre Medialuna, cornialto, de pelo colorado, bermejo, careto, algo salpicado y ojo de perdiz. Sale abanto, con muchos pies, consiguiendo parárselos El Salamanquino, con cinco lances de capa, y emprende una faena dura con la gente montada, dejando seis caballos en la arena á cambio de nueve puyazos. Se aploma un tanto el toro, y Puerto trata de obligarle citándole muy en corto.
En ese crítico instante, el gobernador civil de la provincia, da orden a un salvaguardia para que arrée al caballo del picador, momento en que el toro arremete con espantosa violencia y saca al picador de la silla, clavado en su cuerno derecho. La herida es verdaderamente horrible. El cuerno derecho ha penetrado por la ingle, y le ha atravesado todo el cuerpo, hasta salir por un costado, destrozándole el vientre y algunas costillas.
A las cuatro y media de la tarde del día 29/06/1852 dejaba de existir con apenas 32 años de edad.
Manuel Jiménez (el Cano), matador
12 de Julio de 1852, plaza de toros de Madrid; sale el cuarto de la tarde Pavito de nombre, de la vacada del señor duque de Veragua, era berrendo en colorado, botinero, gacho, voluntario y blando.
El Cano, después de un trasteo inteligente, se armó para estoquear a Pavito, y arranco a la muerte; pero habiéndose enbraguetado con exceso, sufrió una gran cornada en el muslo, muriendo a los pocos días.
José Dámaso Rodríguez (Pepete), matador
Pepete, tío abuelo de Manolete, nació el 11 de diciembre de 1824; llega hasta nuestros días como uno de los toreros más temerarios que ha existido, hasta el punto de que cuando estaba en los últimos momentos de su vida, le pregunta a los doctores "¿Que, ha sío argo?".
Plaza de toros de Madrid, 20 abril de 1862, sale Jocinero, de la ganadería de Miura, berrendo en negro, capirote y botinero, tomó una vara de picador Antonio Calderón, derribando a éste y al caballo, con el que empezó a cebar su furia; Pepete acudió con el capote al brazo, el toro se fijó en él y el torero confiado, se quedó quieto, enganchándole el toro con su pitón derecho por el pecho atravesándole el corazón.
Mario Canet (Llusío), banderillero
Corrida de Beneficencia celebrada en Madrid, 23 de Mayo de 1875.
Canet fue cogido por el sexto toro llamado Chocero, de la ganadería de Miura, al poner un par de banderillas. Recibió el banderillero una terrible cornada en el cuello, y de ella moriría en la misma enfermería de la plaza.
Manuel Fuentes (Bocanegra), matador
Corrida de toros en Úbeda, 15 de Julio de 1885.
Sale el cuarto toro, de Agustín Hernández, Ormigo de nombre, negro, astifino de cinco años, tomó once varas y mató tres caballos. Cambiada la suerte, y al clavarle el primer par, quedose el toro, al acudir Fuentes al quite, fue perseguido y alcanzado por el bicho, al entrar a un burladero, causándole una herida que a las treinta horas lo llevaría al sepulcro.
Antonio Lobo (Lobito chico), banderillero
Lobito chico solo contaba veintidós años cuando murió en la
enfermería de la plaza gaditana de San Fernando. Mariano del Todo y Herrero
relata la trágica cogida (1893) y nos acerca al personaje
....Antonio Lobo (Lobito Chico), nacido en Sevilla en1871. Entre la instrucción elemental y el aprendizaje de pintor, primero, y la práctica poco entusiasta de este oficio y una afición mas pronunciada a becerradas y capeas luego, abordalas quince primaveras, etapa en la que se decidió su vocación taurina, formando, en unión de Bonarillo, Mazzantinito y Vaquerito, la cuadrilla que, bajo la direcciòn¢n de su hermano Fernando Lobo, se embarcó para México en 1886, y regresó a la península dos años después.Con su referido hermano, con Lesaca y con el mismo Bonarillo continuó toreando por las Plazas de España; y al reconvertirse este último con la alternativa de matador y formar la correspondiente cuadrilla, obtuvo Lobito en ella el lugar que como compañero y amigo del nuevo espada de derecho le correspondía.
Era el domingo 16 de Julio último, y en la Isla de San Fernando ( Cádiz) se jugaba una corrida de toros por las cuadrillas de Minuto y Bonarillo, ésta en sustitución de la de Pepete, primeramente anunciada. El ganado pertenecía a D. Eduardo Ibarra, y la lidia de los tres primeros bichos transcurrió sin nada de particular. El cuarto, Rosadito, castaño retinto y coniabierto,aguantó diez puyazos y mató un caballo. Lobito Chico colocó un par,Mazzantinito otro; y al repetir el primero fue enganchado por la res, que lo volteó y arrojó en tierra tornándole á recoger otras dos ó tres veces, é hiriéndole todas. El diestro se incorporó un momento; pero la abundancia de sangre que manaba de la ingle le hizo vacilar y caer de nuevo, siendo conducido á la enfermería. En ella pudieron apreciar los facultativos una herida penetrante en la ingle izquierda, otra de seis centímetros en la región inguinal del mismo lado y otra de cinco en la iliaca, penetrante en el vientre amén de un varetazo en el pecho, todo de tal gravedad, que falleció á los pocos minutos el infeliz Lobito Chico, aumentado así el catálogo de los mártires del deber, y alcanzando una celebridad tan prematura como trágica, que quizás no hubiera logrado nunca.
Manuel Calderón, picador
El último de los hermanos Calderón, Manuel Calderón Díaz, sería un profesional eficaz, hasta que fallecía a causa de un percance en Aranjuez. Otra víctima del toreo (mayo de 1891) sobre la que manifiestan:
Se lanzó a la palestra Manuel, el último de los cuatro, que había nacido en la expresada población de Alcalá de Guadaira el 2 de Octubre de 1840.
Lagartijo, particularmente, que á más del aprecio que le merecían en el desempeño de la obligación, les profesaba especial cariño, les fue llamando sucesivamente á su cuadrilla; y al retirarse Antonio antes y luego Francisco, quedaron ocupando las dos plazas montadas al lado del diestro cordobés, José y Manuel. Este había alternado en tanda por primera vez en Madrid el 11 de Septiembre de 1870, dejando entrever en su cometido, y corroborándolo así su práctica subsiguiente, que era el menos brillante de los hermanos, y sin que dejara de reunir algunas de las buenas cualidades de los otros, faltábale tanta decisión y predominaba entre aquellas la desigualdad.
(...) y retirado también hace pocos años su hermano José, quedó como picador más antiguo de Molina, y en tal concepto le acompañaba el 30 de Mayo del corriente.
Celebra en dicho día el Real Sitio de Aranjuez la festividad de San Fernando, entre otros espectáculos de menor importancia, con una corrida de toros.
En la verificada últimamente el expresado día, estaba encargado de la lidia de seis reses de la famosa vacada del Duque de Veragua, el no menos famoso espada Lagartijo con su cuadrilla, y omitiendo preliminares y detalles publicados á su debido tiempo, consignaremos á nuestro objeto que á la hora marcada, abrió plaza Lumbrero, retinto albardao, de mucho peso, buen mozo, y bien colocado. No muy voluntario, puesto que solamente aguantó cinco puyazos; pero de gran poder, recargó en uno de Manuel Calderón, derribando á éste de latiguillo, y echándole encima todo el peso de la cabalgadura.
Conmocionado por el golpe el picador, fue retirado á la enfermería, muriendo al día siguiente, reventado por dentro.
Manuel
Martínez (Manene),
banderillero
Manuel Martínez Diterlet (Manene)
nació en Córdoba el 11 de
Agosto de 1860. Formó parte de la cuadrilla de niños cordobeses
a
los once años. Duro en la brega y finísimo con los palos,
desapare-
cio cuando se encontraba en su plenitud.
...formó parte de la cuadrilla de niños cordobeses que diri-
gió hace años Caniqui, y entró primero en la cuadrilla de Ma-
nuel Molina, como banderillero; toreó después con Bocane-
gra, y reemplazó últimamente á Mariano Antón en la cuadrilla
de Lagartijo, á la cual pertenece en la actualidad.
Es banderillero sereno y valiente; tiene buena vista y sabe
consentir á los toros con inteligencia y arrojo. Ha matado al-
gunas reses con aplauso, demostrando condiciones muy apre-
ciables en el juego de la muleta, y bastante habilidad en el
momento de meter el brazo.
Como peón de lidia tiene un buen capote, y es trabajador
como pocos. Empapa bien á los toros y los corre con holgura
en viaje largo, mostrando en los quites que sabe adornarse en
las medias verónicas y recortes, y acudir eficazmente al sitio
del peligro, cuando los espadas le dejan libre la brega.
Ha sufrido diferentes cogidas, afortunadamente sin conse-
cuencias, á excepción de una que tuvo en los principios de su
carrera; esta cogida produjo á Manene una cornada en la meji-
lla izquierda, donde lleva una cicatriz indeleble.
Manene tiene en el público de Madrid grandes simpatías, y
escucha con frecuencia unánimes aplausos.
En 1886 solicitó y obtuvo de Lagartijo figurar de sobresaliente
a
;us órdenes. Abandonó la idea de convertirse en espada y el 26
le diciembre de 1888, en la cumbre de sus facultades y fama, se
:celebró en Córdoba una corrida, en la que el cuarto toro,
Aguar-
¡entero, le infirió una cornada en la parte superior del muslo
iz-
iuierdo y otra tremenda, que le interesó la vejiga de la orina,
que
e causaron la muerte dos días después ¡con tan sólo
veintiocho años de edad
Joaquin Sanz (Punteret),
matador
de toros
Espada modesto, Joaquín
Sanz Almenar (Punteret) nació en Já-
tiva (Valencia), el 10 de octubre de 1853. Se presentó en Madrid
como novillero, cuando contaba veintiséis años, y tomó la
alternati-
va en Sevilla, a los treinta y tres años, de manos de Luis
Mazzanti-
ni. Terminada la temporada de 1886, viajé a Montevideo, donde
obtiene grandes éxitos. Retorna a España, donde apenas torea.
En
1888 vuelve a Uruguay, y allí cae herido mortalmente. El
periódico
recogió así la cogida y muerte de Punteret.
En la corrida de toros verificada en Montevideo el día 26
de Febrero del año actual, ocurrió la horrible desgracia (...).
no resistimos á los deseos de insertar varios párrafos de un
admirable artículo publicado en el importante diario La Ra-
zón, de Montevideo, correspondiente al 25 de Marzo, artículo
firmado con el seudónimo Sansón Carrasco, bajo el cual se
encubre un literato uruguayo, D. Daniel Muñoz, notable por
muchos conceptos.
El fragmento en cuestión se halla en un trabajo titulado
Una ley por una cornada, escrito magistral en el cual su autor
defiende las corridas de toros con incontrovertible lógica y
bri-
llantísima argumentación, contra los diputados de Montevi-
deo que, impresionados por la muerte de Punteret, han pedi-
do la abolición del espectáculo. (...)
«El día 26 de Febrero del año de gracia que corre, el
toro Cocinero, de la ganadería de D. Felipe Víctora, y tercero
de la tarde, dio una cornada al primer espada de la cuadrilla
Joaquín Sanz, alias Punteret, á consecuencia de la cual murió
el diestro dos días después, víctima de una peritonitis según
algunos, de tétano según otros, pero indiscutiblemente de re-
sultas de lo que el cuerno hizo, ó más bien dicho, deshizo en
el
cuerpo del malhadado matador.
El accidente de Punteret fue casi un suicidio, como lo sería
el abocarse á la sien una pistola cargada, aun sin ánimo de
disparar el tiro. Basta entender medianamente lo que es el
toreo, para darse cuenta de que aquello, con ajuste á las reglas
del arte, no debió suceder. El matador se ensartó en el cuer-
no, como se estrella un albañil contra el suelo al pisar un
anda-
mio flojo.
Salió tan alegre Cocinero y con tantos pies del chiquero,
que al Serranito se le hizo bueno para saltarlo de garrocha.
Dos veces lo citó en los medios, y otras tantas se arrancó el
toro con tanta voluntad, que parecía iba á estrellarse en las
barreras, pero no bien el chulo armaba la percha para dar el
salto, el animal se plantaba sobre los cuatro remos, y enseguida
embestida los zancos al banderillero, que libró el pellejo
gracias
á ser ligero como un gamo y saltador como una langosta
Punteret, quien deseoso de recoger algunas palmas de la
cosecha, decidió poner banderillas sentado. Le arrebató á
Pepete
el par con que ya alegraba al toro, pidió una silla cuyo
respaldar se descalabró al cogerla, y la colocó tan malamente
que se puso dentro de la jurisdicción del toro, es decir, dentro
del radio en que el animal engendra la carrera y no da por
consiguiente tiempo á hacer el cambio.
Para todos los entendidos en la manera cómo se producen
las suertes, era evidente que Punteret sería cogido en cuanto
el toro hiciese por él (...).
No hubo más que ver. El torero quedó tendido á lo largo
como cuerpo muerto, y el toro hubo de hacerle pedazos allí
mismo, pues se revolvió con furia para recargar, solo que
como la silla sobresalía más del suelo que el torero caído con
el mueble la emprendió, dejando al hombre, y enseguida los
chulos lo alejaron con los capotes, dando tiempo á que otros
compañeros levantasen al herido...